martes, 22 de junio de 2010

Máquinas de hacer daño

Desde el comienzo el S. Humano fue creado como una raza superior a las demás por su capacidad de razonar entre otras. Ese afán por seguir siendo el superior se ha ido extendiendo hasta el punto de hacernos daño entre nosotros para demostrar quién es más fuerte de los que se enfrentan.

Esa libertad que se nos dio de poder elegir sin estar determinados aparentemente no es más que una propia determinación en el camino del hombre para la autodestrucción. Ya se ha entrado en ella desde que el primer hombre mató a otro sin motivo aparente, desde que se creó el primer arma y desde que se utilizó para la más nefasta utilidad que puede tener: matar a otro de su misma especie.
¿En qué nos hemos convertido? Más parecemos animales que matan por placer que por sobrevivir, ¿Cuál es el fin real de las Guerras? Nadie quiere hacerse cargo de responder esa pregunta por lo que ello conyeva, años y siglos de filósofos que afirman que el hombre es libre y realmente éste está mas determinado por sus instintos más básicos que nosotros mismos ni queremos ver.
Es más sencillo que un hombre niegue que su vida está prefijada y acondicionada por unos factores y que cada decisión que toma realmente es porque está “programado” para ella que plantar cara a años de reflexión moral sobre la supremacía del hombre basándose en que el hombre debe, por ser creado a imagen y semejanza de Dios, ser superior a cualquier otra raza sobre la faz de la Tierra, pero esto no acaba ahí; la ambición nos ha corrompido y ha hecho que ser superiores y dominar a las otras razas no nos satisfaga lo suficiente y para poder sentirnos completos debemos ser superiores a los nuestros, nos complace ver como otros se ven inferiores ¿Y para qué? Para que nos lleve a querer más, a necesitarlo, como una droga; ese es el origen y final de las guerras.
Cuando las guerras ya no tengan sentido será cuando el S. Humano deje de existir.

Si aparte de lo anterior tenemos en cuenta que la felicidad esta más lejana que próxima, es muy probable que el S. Humano nunca deje de hacerse daño, es una constante lucha como en el reino animal, por la supervivencia del más fuerte y este a su vez lucha interiormente con sus propias dudas y cabilaciones, cada vez entrando en pesamientos más profundos y haciéndose daño ya que tanta reflexión puede dejar a uno confuso y desorientado al no poder comprender todas las cosas.

Y por último, si añadimos a la lista de factores que agravan el hacernos daño el de “El S. Humano es el único que tropieza varias veces con la misma piedra” sacamos en conclusión que aunque se intente parar la cadena que hay montada bajo todas esas fachadas, nunca dejaremos de hacernos daño pues es nuestro instinto básico y siempre saldrá a la luz que por muy a imagen y semejanza que fueramos creados de Dios, nuestro comportamiento será igual o peor al de los animales, luchando desde pequeños contra otros para sobrevivir, ellos contra el medio… nosotros contra la sociedad que nos acondiciona.

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