Me rindo, soy incapaz de que me entiendan en su totalidad.
Cuanto más intentas explicarte menos quieren reconocerlo porque les parece extraño el hecho de que otros piensen u opinen distinto.
No entienden que a cualquier edad uno puede tener preguntar un tanto no habituales y que deben ser respondidas pero, me hace gracia el comprobar que las personas rechazan el conocer o responder esas preguntas como si en ellas fuera una verdad que quisieran esconder a toda costa.
Cerca de mí se dan dos casos muy comunes, en un caso, la pregunta traspasa a la otra persona pero lo único que hace es desviar un poco la pregunta. Ese receptor solo la transforma en algo más provechoso para él y ante todo, una pregunta que concuerde con alguna que se ha planteado durante toda su vida.
El otro caso es el que refleja esas preguntas, el llamado ignorante.
No solo le da igual las preguntas, su significado escondido y demás, sino que se permite el lujo de renegar de ti en tu misma cara.
Te da qué pensar.
Llegas a la conclusión de que sin ti, los lazos de los demás se hacen mas fuertes, que todo encaja mejor pero ¿Tu no encajas o no te dejan encajar los otros?
¿Qué pieza del puzle es la que la gente no quiere conocer? Es el miedo el que se ve en sus ojos cuando sueltas "tengo un dilema" o similares.
Viendo como van las cosas... ¿En qué momento justo nos equivocamos nosotros los humanos? ¿Habrá evolución si no se atienden a otros puntos de vista?
Y es que, señores, no importa como se mire si al fin y al cabo no somos nosotros quienes decidimos el futuro ni quienes lo construimos por nosotros mismos, sino que en el conjunto de la sociedad, son todos ellos los que apilan uno tras otro los conocimientos creídos básicos hasta el momento.
Hasta que alguien de su rebaño se quite la piel de cordero y muerda el pilar central, entonces, todos los lobos escondidos no tendrán miedo de expresarse.
Se dijo una vez que un nuevo mesías llegará pero llegarán más falsos
¿Es el nuevo mesías el primer lobo que muerda? o ¿Son los mesías falsos todos los corderos?
martes, 22 de junio de 2010
Máquinas de hacer daño
Desde el comienzo el S. Humano fue creado como una raza superior a las demás por su capacidad de razonar entre otras. Ese afán por seguir siendo el superior se ha ido extendiendo hasta el punto de hacernos daño entre nosotros para demostrar quién es más fuerte de los que se enfrentan.
Esa libertad que se nos dio de poder elegir sin estar determinados aparentemente no es más que una propia determinación en el camino del hombre para la autodestrucción. Ya se ha entrado en ella desde que el primer hombre mató a otro sin motivo aparente, desde que se creó el primer arma y desde que se utilizó para la más nefasta utilidad que puede tener: matar a otro de su misma especie.
¿En qué nos hemos convertido? Más parecemos animales que matan por placer que por sobrevivir, ¿Cuál es el fin real de las Guerras? Nadie quiere hacerse cargo de responder esa pregunta por lo que ello conyeva, años y siglos de filósofos que afirman que el hombre es libre y realmente éste está mas determinado por sus instintos más básicos que nosotros mismos ni queremos ver.
Es más sencillo que un hombre niegue que su vida está prefijada y acondicionada por unos factores y que cada decisión que toma realmente es porque está “programado” para ella que plantar cara a años de reflexión moral sobre la supremacía del hombre basándose en que el hombre debe, por ser creado a imagen y semejanza de Dios, ser superior a cualquier otra raza sobre la faz de la Tierra, pero esto no acaba ahí; la ambición nos ha corrompido y ha hecho que ser superiores y dominar a las otras razas no nos satisfaga lo suficiente y para poder sentirnos completos debemos ser superiores a los nuestros, nos complace ver como otros se ven inferiores ¿Y para qué? Para que nos lleve a querer más, a necesitarlo, como una droga; ese es el origen y final de las guerras.
Cuando las guerras ya no tengan sentido será cuando el S. Humano deje de existir.
Si aparte de lo anterior tenemos en cuenta que la felicidad esta más lejana que próxima, es muy probable que el S. Humano nunca deje de hacerse daño, es una constante lucha como en el reino animal, por la supervivencia del más fuerte y este a su vez lucha interiormente con sus propias dudas y cabilaciones, cada vez entrando en pesamientos más profundos y haciéndose daño ya que tanta reflexión puede dejar a uno confuso y desorientado al no poder comprender todas las cosas.
Y por último, si añadimos a la lista de factores que agravan el hacernos daño el de “El S. Humano es el único que tropieza varias veces con la misma piedra” sacamos en conclusión que aunque se intente parar la cadena que hay montada bajo todas esas fachadas, nunca dejaremos de hacernos daño pues es nuestro instinto básico y siempre saldrá a la luz que por muy a imagen y semejanza que fueramos creados de Dios, nuestro comportamiento será igual o peor al de los animales, luchando desde pequeños contra otros para sobrevivir, ellos contra el medio… nosotros contra la sociedad que nos acondiciona.
Esa libertad que se nos dio de poder elegir sin estar determinados aparentemente no es más que una propia determinación en el camino del hombre para la autodestrucción. Ya se ha entrado en ella desde que el primer hombre mató a otro sin motivo aparente, desde que se creó el primer arma y desde que se utilizó para la más nefasta utilidad que puede tener: matar a otro de su misma especie.
¿En qué nos hemos convertido? Más parecemos animales que matan por placer que por sobrevivir, ¿Cuál es el fin real de las Guerras? Nadie quiere hacerse cargo de responder esa pregunta por lo que ello conyeva, años y siglos de filósofos que afirman que el hombre es libre y realmente éste está mas determinado por sus instintos más básicos que nosotros mismos ni queremos ver.
Es más sencillo que un hombre niegue que su vida está prefijada y acondicionada por unos factores y que cada decisión que toma realmente es porque está “programado” para ella que plantar cara a años de reflexión moral sobre la supremacía del hombre basándose en que el hombre debe, por ser creado a imagen y semejanza de Dios, ser superior a cualquier otra raza sobre la faz de la Tierra, pero esto no acaba ahí; la ambición nos ha corrompido y ha hecho que ser superiores y dominar a las otras razas no nos satisfaga lo suficiente y para poder sentirnos completos debemos ser superiores a los nuestros, nos complace ver como otros se ven inferiores ¿Y para qué? Para que nos lleve a querer más, a necesitarlo, como una droga; ese es el origen y final de las guerras.
Cuando las guerras ya no tengan sentido será cuando el S. Humano deje de existir.
Si aparte de lo anterior tenemos en cuenta que la felicidad esta más lejana que próxima, es muy probable que el S. Humano nunca deje de hacerse daño, es una constante lucha como en el reino animal, por la supervivencia del más fuerte y este a su vez lucha interiormente con sus propias dudas y cabilaciones, cada vez entrando en pesamientos más profundos y haciéndose daño ya que tanta reflexión puede dejar a uno confuso y desorientado al no poder comprender todas las cosas.
Y por último, si añadimos a la lista de factores que agravan el hacernos daño el de “El S. Humano es el único que tropieza varias veces con la misma piedra” sacamos en conclusión que aunque se intente parar la cadena que hay montada bajo todas esas fachadas, nunca dejaremos de hacernos daño pues es nuestro instinto básico y siempre saldrá a la luz que por muy a imagen y semejanza que fueramos creados de Dios, nuestro comportamiento será igual o peor al de los animales, luchando desde pequeños contra otros para sobrevivir, ellos contra el medio… nosotros contra la sociedad que nos acondiciona.
Nubes y claros
¿Existe la felicidad plena?
Cuando una vez te lo planteas todo te parece tan maravilloso, miras al cielo soleado, con nubes esponjosas blancas y te convences de que eso, ese paisaje, es la felicidad que tanto buscas.
Pasan los días y ese paisaje tan pleno e idílico que viste aquel día está cada vez más lejos y cuanto más te fijas, más ves esas nubes grises desoladoras acercándose a tu esfera tan pequeña y frágil.
Empieza a llover, sin fuerza, ya no hay ningún sitio por el que el sol pueda iluminarte con su sonrisa resplandeciente y ni si quiera una nube esponjosa quiere darte el placer de si quiera pensar que alguna vez existió.
Siempre lloverá quieras o no, siempre habrá nubes grises y nunca podrás remediarlo porque de todos es sabido que por más que uses el paraguas te mojarás, que por más que te cobijes debajo del mayor árbol, este moverá sus ramas a tu favor o en contra según lo zarandee el viento y te mojarás igual, porque no todas las tristezas vienen del mismo lado e incluso a veces, vienen de todos los lados a la vez.
Pero detrás de la tormenta viene la calma, ¿pero qué calma? ¿nos convencemos de que la calma es infinita y vendrá siempre o mejor damos el mordisco a nuestra manzana particular y nos damos cuenta de que si esa tormenta fue grande, el huracán que se aproxima y se aleja vendrá algún día a por nosotros?
Nevará, estoy segura, granizará y con fuerza pero ¿Y ese día soleado con aquellas nubes esponjosas?
¿Era eso la felicidad o simplemente nosotros quisimos verlo como tal?
Cuando veamos un día en el que todo nos salga bien, en el que los resultados obtenidos nos sonrían con su brillo resplandeciente y nuestras metas parezcan tan esponjosas que casi podemos deducir su dulce y preciado tacto, morder la manzana y daros cuenta de que, por más que haya esos días, trescientos de los trescientos sesenta y cinco, llueve, graniza, llovizna o está el cielo grisaceo y teñido de ocres.
Siempre vendrá alguien con mejores resultados y metas cumplidas que tu, y tu que eres humano y envidioso por naturaleza como tal, tu mismo, harás que caigan rayos y centellas.
Cuando el cielo ya esté triste por cualquier motivo, no te preocupes, alguién vendrá a ponértelo peor para que veas que la probabilidad de que el sol vuelva es casi nula.
Y cuando pienses que tras esos días que todo te sale mal, que el viento sopla en todas las direcciones golpeándote y salpicándote con todo, vendrá ese sol a sacarte de los problemas pero...
¿Es esa felicidad real o nos la hemos idealizado tanto para que así no podamos nunca conseguirla y tener por tanto un obejtivo más que añadir a nuestra lista de motivos por los que vivir o morir?
y ante todo, ¿Cómo está tu cielo hoy?
Cuando una vez te lo planteas todo te parece tan maravilloso, miras al cielo soleado, con nubes esponjosas blancas y te convences de que eso, ese paisaje, es la felicidad que tanto buscas.
Pasan los días y ese paisaje tan pleno e idílico que viste aquel día está cada vez más lejos y cuanto más te fijas, más ves esas nubes grises desoladoras acercándose a tu esfera tan pequeña y frágil.
Empieza a llover, sin fuerza, ya no hay ningún sitio por el que el sol pueda iluminarte con su sonrisa resplandeciente y ni si quiera una nube esponjosa quiere darte el placer de si quiera pensar que alguna vez existió.
Siempre lloverá quieras o no, siempre habrá nubes grises y nunca podrás remediarlo porque de todos es sabido que por más que uses el paraguas te mojarás, que por más que te cobijes debajo del mayor árbol, este moverá sus ramas a tu favor o en contra según lo zarandee el viento y te mojarás igual, porque no todas las tristezas vienen del mismo lado e incluso a veces, vienen de todos los lados a la vez.
Pero detrás de la tormenta viene la calma, ¿pero qué calma? ¿nos convencemos de que la calma es infinita y vendrá siempre o mejor damos el mordisco a nuestra manzana particular y nos damos cuenta de que si esa tormenta fue grande, el huracán que se aproxima y se aleja vendrá algún día a por nosotros?
Nevará, estoy segura, granizará y con fuerza pero ¿Y ese día soleado con aquellas nubes esponjosas?
¿Era eso la felicidad o simplemente nosotros quisimos verlo como tal?
Cuando veamos un día en el que todo nos salga bien, en el que los resultados obtenidos nos sonrían con su brillo resplandeciente y nuestras metas parezcan tan esponjosas que casi podemos deducir su dulce y preciado tacto, morder la manzana y daros cuenta de que, por más que haya esos días, trescientos de los trescientos sesenta y cinco, llueve, graniza, llovizna o está el cielo grisaceo y teñido de ocres.
Siempre vendrá alguien con mejores resultados y metas cumplidas que tu, y tu que eres humano y envidioso por naturaleza como tal, tu mismo, harás que caigan rayos y centellas.
Cuando el cielo ya esté triste por cualquier motivo, no te preocupes, alguién vendrá a ponértelo peor para que veas que la probabilidad de que el sol vuelva es casi nula.
Y cuando pienses que tras esos días que todo te sale mal, que el viento sopla en todas las direcciones golpeándote y salpicándote con todo, vendrá ese sol a sacarte de los problemas pero...
¿Es esa felicidad real o nos la hemos idealizado tanto para que así no podamos nunca conseguirla y tener por tanto un obejtivo más que añadir a nuestra lista de motivos por los que vivir o morir?
y ante todo, ¿Cómo está tu cielo hoy?
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